Tenosique, Tabasco, México
En agosto de 2010, setenta y dos personas migrantes fueron asesinadas en San Fernando, Tamaulipas, México. Eran cincuenta y ocho hombres y catorce mujeres que habían emprendido un camino en busca de una vida distinta.
En Tenosique, Tabasco, los frailes de la Provincia Franciscana San Felipe de Jesús no se quedaron en la indignación. El 25 de abril de 2011 abrió sus puertas La 72, Hogar-Refugio para Personas Migrantes, una obra franciscana dedicada a la acogida, el acompañamiento y la defensa de los derechos de las personas migrantes.
Su nombre mantiene viva la memoria de aquellas víctimas, recordando que detrás de cada cifra hay rostros, familias e historias. Así lo testimonian las setenta y dos cruces de madera que, al fondo de la capilla, constituyen un memorial de la masacre.
El refugio nació de un compromiso que los franciscanos venían desarrollando desde años antes en esta región fronteriza con Guatemala.
La 72, Hogar-Refugio para Personas Migrantes: una casa, distintas historias
Quienes llegan a La 72 tienen diferentes objetivos. Algunos necesitan descansar, alimentarse, recuperar fuerzas y continuar su camino. Otros solicitan protección internacional en México y permanecen en el refugio mientras esperan la resolución de sus trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
Según la experiencia compartida en el hogar, esa espera, que antes podía extenderse cinco o seis meses, ahora puede durar hasta ocho meses. En la última semana de octubre de 2026 se contabilizaban alrededor de setenta personas solicitantes de protección internacional y unos treinta migrantes de paso.
La acogida es solo una parte de la atención ofrecida. La 72 organiza su servicio en cinco áreas: administración, derechos humanos, grupos vulnerables, asistencia humanitaria y cambio estructural.
La alimentación y la ropa responden a necesidades inmediatas. Por su parte, el cuidado físico y psicológico, el acompañamiento de los casos de mayor vulnerabilidad y la defensa de derechos buscan atender heridas menos visibles.
Un pequeño equipo integrado por el fraile director, las hermanas franciscanas y jóvenes profesionales en las áreas del derecho y la salud física y mental lleva adelante esta hermosa, pero delicada, misión.
Acoger a quienes llegan es indispensable; también lo es preguntarse por qué tantas personas se ven obligadas a salir de sus países, por qué encuentran violencia en el camino y por qué persisten discursos que las convierten en sospechosas.
La hospitalidad, cuando se toma en serio, termina por exigir una palabra pública y un compromiso con la justicia.
La formación franciscana de la escucha
Desde hace aproximadamente tres años, las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC), de la Provincia «Nuestra Señora de Guadalupe» de México, comparten esta misión con los frailes.
Su presencia no es secundaria: sor Elizabeth Martínez Bernal coordina el área de Grupos Vulnerables; sor Karen López Sandoval, Derechos Humanos; y sor Eberilda Robledo, Asistencia Humanitaria.
Fr. Gabriel Romero, Ministro provincial, afirma que existe un convenio de colaboración de tres años con las HFIC. En esta presencia reconoce «el rostro femenino de la vida consagrada» y un complemento a la misión de los frailes desde la dimensión social del Evangelio.
Sor Elizabeth, enfermera de profesión, llegó en febrero de 2025. Antes había trabajado con personas ancianas en Chiapas y ya conocía La 72 por una experiencia de voluntariado durante su noviciado.
Su servicio incluye la atención sanitaria, aunque no se agota en ella. Habla de la necesidad de «entenderlos desde sus historias» y llama a esta tarea «el apostolado de la escucha».
Escuchar relatos dolorosos implica también buscar respuestas y sostener el acompañamiento después de que las palabras han terminado.
Un espacio de formación para la Familia Franciscana
La casa es también un espacio de formación. Por ella han pasado frailes de distintas entidades, que comparten durante semanas o meses la vida y el servicio del refugio. Asimismo, las novicias de las HFIC realizan allí experiencias apostólicas.
Sin duda, el encuentro con las personas migrantes contribuye a formar el corazón franciscano.
Fr. Luis Sotelo, director de La 72, asegura que la casa está abierta a los hermanos de toda la Orden y a la Familia Franciscana para realizar experiencias de servicio.
También dedica esfuerzos a mejorar las instalaciones. Entre las obras recientes está la instalación de aire acondicionado en las habitaciones, tan necesario en los meses de mayor calor, cuando en Tenosique las temperaturas pueden acercarse a los 48 grados.
Una cancha sin fronteras: integración y encuentro en Tenosique
La integración con la comunidad local también forma parte de los esfuerzos de La 72. Un ejemplo es su participación en un torneo de fútbol con un equipo integrado por personas migrantes de diferentes nacionalidades, principalmente solicitantes de protección internacional.
Esta escuadra internacional busca crear vínculos con la población de Tenosique para desmontar prejuicios y contrarrestar las narrativas que presentan a las personas migrantes como una amenaza.
Personas que han tenido que atravesar fronteras encuentran, alrededor de un balón, un espacio compartido con sus vecinos. No desaparecen por ello las dificultades, pero se abre la posibilidad de mirarse de otra manera.
Una misión franciscana que trasciende Tenosique
La 72 colabora con organizaciones como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Médicos del Mundo.
Forma parte, además, de la Red Franciscana para Migrantes de las Américas (RFM), fundada en 2018. La experiencia acumulada en Tenosique fue una fuente de inspiración, apoyo y oportunidades de colaboración para el nacimiento de esta red, que busca articular la respuesta franciscana a la realidad migratoria en el continente.
La vida cotidiana del hogar depende también de la solidaridad. Fr. Luis reconoce que las ayudas de personas de la comunidad, instituciones franciscanas y organismos internacionales han disminuido en los últimos años. Aun con limitaciones, el refugio continúa acogiendo a quienes llegan.
Fr. Gabriel Romero considera que esta experiencia interpela a toda la Orden ante un cambio de época y un nuevo escenario geopolítico. Invita a acompañar de cerca a las personas vulnerables y «abrir nuestros conventos y proyectos» a la colaboración con organizaciones y laicos comprometidos en una misión compartida.
En el año en que se recuerdan los ochocientos años del tránsito de san Francisco de Asís, esta casa de Tenosique nos devuelve una de las intuiciones originales de la vida franciscana: la fraternidad se construye cuando se acerca a quienes han sido dejados a la orilla del camino.
En La 72, la memoria de los muertos se transforma cada día en acogida de los vivos. Es una manera concreta de vivir la Pascua franciscana: allí donde la muerte y la violencia han dejado sus huellas, la fraternidad responde poniéndose al servicio de la vida.
Y la pregunta sigue abierta para todos nosotros: ¿de qué lado de la frontera decidimos situarnos?
Fr. Daniel Rodríguez Blanco, OFM
OFM JPIC




